jueves, 19 de agosto de 2010

Nueva sección: Relatos y Cuentos.

Les dejo un relato de una colaboradora de EVEXUS, cada mes habrá historias creadas por nuestro staff.

GASPAR

Escrito por: I.T.Q.

Gaspar desapareció y nadie tenía rastros de él, y la duda siempre se instala, fueron los vecinos, clase baja, y no me refiero a su estatus social, eran potentes asesinos, no alimentaban a sus perros que eran callejeros y sucios, con garrapatas y que esbozan esa mirada de muerte andante, qué fácil es matar a un pobre animal, no hay leyes que acusen el hielo en las venas que debe tener un ser para asesinar a otro.
Ana sin embargo se permitió pensarlo sin dejar de buscar, pero eran las doce y media, y no había llegado a comer, así que algo estaba muy mal…su mirada de color gris que
terminaba en una nariz de rasgos perfectos y sus pecas, las que odiaba con su alma, esas que la hacían verse tan niña y eso frente a Pedro eran puntos menos, claro, Micaela se veía más grande, sabía hablar en grupo, era divertida y ella era una nena preocupada por un gato perdido, era obvio que la adolescencia cruzaba a cada persona de maneras diferentes.
Dos días después el felino llegó caminando despacio y estaba raquítico, el pelo se le estaba cayendo y su color caramelo pasó a ser el amarillo del vestido de novia de la abuela entonces, corrió a recogerlo y lo llevó al veterinario, allí le dijeron lo que todos ya sabíamos, lo habían envenenado, o sea, estaba intoxicado con alguna sustancia, tal vez ese veneno de hormigas que tanto ponen los Camiri a sus rosas gigantes, total que si matan a alguien no les importa, tan asquerosos.
Pensó que hacer, iba a morir, ella iba a ver que dejaría de respirar, tendría que enterrarlo, le tocó su pata delantera y comenzó a llorar, podía permitírselo, era una niña de todas formas y es más, era una potencial mujer que sentía una profunda pena ya que su amigo moriría, y estaba tan decaído, sintió lo que él, el asco de su garganta infectada con el vómito, el gusto a hiel y el dolor en su cuerpito, la intensa sed y la poca coordinación de su esqueleto, no pudo más que vomitar en el suelo del consultorio, el veterinario sintió pena y miró a la pequeña, pensaba en su hijita, en que ella lloraría así cuando su perrito muera, y el ciclo de la melancolía por un mundo sin muertes se cerraba.
Caminó con él en el canasto celeste y vio pasar a Pedro en su bicicleta de montaña junto a la deportiva Micaela y ambos iban riendo y comentando lo que iban viendo, saludaron como si fueran los reyes de España y sonrieron a más no poder, Ana pensó en un guiño del destino, la muerte se acercaba, se llevaría a Gaspar y encima no tendría la oportunidad de que Pedro la conociera, si supiera que ella era divertida, era inteligente, y además toda una casi mujer…sintió entonces una brisa que la envolvía y mientras vio por última vez a los ojos a su querida mascota, en la esquina una camioneta frenó con un estruendo infernal, los gritos de la matriarca de los Camiri fueron espeluznantes y el cielo parecía ennegrecerse de golpe, las ruedas no cesaban de girar por inercia y el conductor asustado no pudo más que preguntarse de dónde habían salidos éstos niños, su celular seguía en comunicación y la gente de acercó rápidamente a lincharlo por su despreocupación.
Es increíble - pensó Ana-, nadie notó que Gaspar se había ido, se podía sentir ese aroma a menta que tenía al dormir la siesta en el sofá marrón y el ronroneo de su garganta inflamada de felicidad.

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