jueves, 8 de diciembre de 2011

Historias de canciones: Son las tres.

Capitulo III: Los restos del naufragio.

 Todos saben, que al menos contamos con un ser idéntico a cada uno, si logras ubicarlo, puedes encontrar tú alter ego.

¿Cómo te conocí?... No lo recuerdo, pero se que fue mágico, lo tengo claro como que en ese momento supe que iba a recorrer un largo camino contigo, esas cosas se sienten, uno no pierde el tiempo, sin embargo los cambios se dan más de lo que uno cree y no cobra tanta importancia el ser a tú lado como uno quisiera, sólo para hacer las cosas más fáciles, pero los inicio no son eternos y mientras avanza la historia suele tornarse poco interesante.

Cae la noche, nadie sabe lo que yo ya sé, es mi gran secreto, me cuesta enfocarme y mirar detenidamente un objeto y ahora que no tengo nada claro y el final está sobre mí, sólo puedo pensar en el pasado. Las últimas palabras, el teclado del notebook, tu mail abierto, tus páginas visitadas hasta las dos de la mañana, el último cigarrillo y el aliento de vida que estaba presente. Suena la canción  que me provocó el primer impacto.¡Ya no hay aroma a vida …!

Al volante y llegando al primer lugar de un encuentro no programado, la gente se divierte, y recorro una y otra vez hasta identificar a la mujer mas singular, pero no existe…¿ Qué hago?... ¿Espero?... ¿Busco en otro lugar?... Decidí buscar otra opción, dos, tres, cuatro lugares distintos. Son las tres de la mañana.  El cansancio y la demencia invaden mi cuerpo, camino hacia mi auto…Al llegar a  la esquina poco a poco siento el sudor frío en mi espalda y el temblor de mis manos sucias, temo dejar un rastro. La mano derecha  se mueve más de lo normal, la boca está reseca y la lengua áspera. Siento que los ojos saltan  de mis órbitas y rebotan contra una pared, me cuesta enfocarme y mirar detenidamente un objeto y ahora que no tengo nada claro y el final está sobre mí.

Al despertar y verla nuevamente junto a mi, sobre un piso de nubes, y con gesto de bienvenida, me acerqué sutilmente, y acariciando mi rostro y clavando su mirada en la mía, me dice: …¡Te perdono!... Yo sin saber que pasaba, le pregunté: ¿Qué haces aquí? Tú me enviaste,¿ acaso no lo recuerdas?¿Qué hago yo acá entonces?, me decía a mismo, sin saber que responder. El día eterno avanzaba, y de a poco comprendía, y reconocía este lugar, sin saber como llegue acá, sin sueño, ni desgaste, flotando en el aire.¿Es que acaso he perdido la razón? No existe nada, solo ella y yo, rodeados de de espejos trasparentes.

 Nunca planeé nada, sin embargo, supe que reaccionaría, que haría algo, pudieron pasar seis años pero no sería eterno, el golpe de acción, el golpe en la mesa resonaría en tu cerebro más de una vez, y ahora en tu más allá y eso me alegra un poco, no voy a mentir.

Este final será perdurable, tal vez contaré sobre ello tantas veces que mi relato se hará cada vez más extenso  e infinito, con descripciones maravillosas, en verdad , y no el desorden y anarquía que reinan en este amanecer.
  
Fin.

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