jueves, 5 de febrero de 2009

¡Me dejan ver la película en paz!!!!!

No es tan fácil ver una película como uno quiere: en silencio. En los cines parece concentrarse una variada fauna de imbancables que muchas veces da la impresión de estar complotada para arruinarnos la función. Éste tipo de insoportables, para peor, son de cualquier clase, edad y condición y se los sufre tanto en salas de lujo como en cines de barrio.Entre los peores están aquellos que le cuentan a su acompañante exactamente lo que todos estamos viendo. "¡La besa!", informa cuando contemplamos un beso apasionado. "¡Lo mata!", se asombra siempre en voz bien alta cuando un cuchillo penetra un corazón. Y así sucesivamente hasta saturar nuestros oídos con el eco de lo obvio. Y como lo de ellos es automático, no responde a razón o voluntad alguna, será impermeable a chistidos o quejas. Se callará un lapso de tiempo, pero al rato volverá a ser el tedioso vocero de la pantalla.También están los que se empeñan en ignorar la diferencia entre un cine y el living de su casa, comentan y discuten la película a los gritos como para que se enteren hasta los de la última fila. Estos expresivos son, en general hombres, y suelen asombrarse si se les señala la evidencia.Después, figuran los sádicos del caramelo. Son aquellos que están convencidos que el tiempo se relaciona de una manera extraña con la sonoridad. Y suponen que si tardan mucho en pelar una golosina, el estrépito será menor que si lo hacen rápido. A éste género de rumiantes se les suman los de las cabritas, que mastican con escándalo algo que se puede comer sin joder al prójimo.Muy pero muy densos resultan los que requieren explicaciones. "No entiendo", le suplican a su acompañante, educados sí, en susurros. Y lo que se ve es un tipo con la cabeza destrozada a machetazos ¿Qué es lo que no entienden??????, se pregunta uno ya irritándose. Y lo grave es que para ellos casi cada escena del filme constituye un misterio, POR DIOS!!!! Éstos suelen ser los más pesados. Pero también están aquellos a los que no les gusta la peli y se duermen y RONCAN!!!!. Y también los que se tientan-adolescentes, en general- y se siguen riendo cuando el chiste pasó hace una hora y se está en la parte más luctuosa del filme (contrapartida: los que no pueden superar determinada escena patética y lloran y moquean cuando la tragedia quedó olvidada en el jurásico). Y, por supuesto, los que tosen como en concierto o carraspean con pérfido disimulo.Una misma habilidad hermana a todos estos imbancables: la de sentarse, metódicos, en las butacas que están detrás de nosotros. Cosa que no ocurre con la señora a quién se le cayó un frasco de perfume encima y envuelve la sangrienta batalla medieval en un penetrante aroma dulzón: esa elige el asiento de al lado. O los que, hiperkinéticos, no pueden parar de mover la cabeza (siempre están delante de uno, y seguro también es alto) o no encuentran la posición ideal en el asiento y nos dan pataditas en el respaldo (en general niños con padres que no les hacen notar su actitud).Sigue en la lista la parejita que se nota que ella eligió la película y él no soporta los musicales y se queja toda la función cuando alguien CANTA!!!!! Ni hablar del grupo de teenagers que se ríen socarronamente de las escenas eróticas y no dejan de hacerlo por toda la función o los que están mandando mensajes de texto con el celular cuando se aclara al inicio que lo apaguen, ni hablar de los niños que se aburren o quieren ir al baño en media peli molestando a toda la fila para pasar.Entonces uno trata de recordar lo que nos decían en las clases de yoga para encontrar la paz interior y no mandarlos al lugar más alejado del sistema solar o la peor solución: la derrota que es levantarse e irse.

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