domingo, 6 de noviembre de 2011

Historias de canciones: Son las tres.

Capitulo I :     Momento Frenético

Son las tres de la mañana, mis manos sudorosas y temblorosas me delatan, no tengo recuerdo de nada, ni siquiera encuentro un jabón, necesito urgente algo que limpie las manchas que quedaron en el piso y también en mi corazón. El sillón, sigue ahí, ese que siempre me ayudara con el descanso diario, ahora ya viejo y sucio, teñido por el sol matinal, opacado por el humo, sobre él mi última obra, tantas veces pensada y soñada con lujo de detalles, inspirada en mi instinto primitivo, alienado y adormecido con droga y alcohol, si, esto era producto de la fusión brava de mi rebelión sin asunto, pues al final ya sabia que nada quedará.

Desde mi ventana ya puedo ver el sol naciendo entre las montañas y tengo ganas de pedir perdón. Todavía no se a quién o qué, pero en mi cuerpo se siente la idea que debo hacerlo. La sangre corre lento por su cuerpo, mis ojos rojos no me dejarán dormir y al olvido dejo mi destino, y en mi presente sin futuro, dejo mi condición aturdida.

Al momento de escuchar el timbre sin pensarlo mucho supuse que mi vecino tendría la osadía de pedir que bajara el volumen, la respuesta inmediata surgió luego de que en alguna parte de la conciencia destellara la idea de la sospecha, el flujo sanguíneo recorrió inyectando la dosis de energía suficiente, como para poder levantarme lavar mi rostro y mis manos….buenas noches dije con la puerta entre abierta, acaso ¿no te has dado cuenta de la hora es?, no, para nada lamento si te he molestado, esto no volverá ocurrir dije, cerrando la puerta suavemente, ¡un momento! exclama, impidiendo el cierre de  la puerta con su pie derecho, ¿te sientes bien?, pregunta como intuyendo después de observar mi rostro seguramente carente de toda forma, por supuesto que si replique, me dejas por favor cerrar, en  sus ojos denote una expresión incierta y de poca credibilidad, ya no podía darme el lujo de pedirle que ingresara y ser mas atento, por lo que me indico que de todas formas llamaría al conserje para que llamase un doctor y me hiciera un diagnóstico, sin mas mediar una respuesta cerré con un poco mas de fuerza la puerta, y contemple por primera vez, un posible destino.


Ya no importa si vale la pena, necesito que nuevamente me escuches y si lo puedes oír sería algo así cómo: “Cuéntame un cuento que me haga entender las cosas que dice la gente al creer, que nada es eterno, que nada es real”. 

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